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El perdón sabe a napolitano

Hoy tuve el devocional con los niños del Colegio. Concluimos que si el perdón tuviera sabor, sabría a helado de napolitano. Y de limón, de galleta, de pay de limón, a chocolate, a almendra y nuez...





La falta de perdón sabe a ...










... limones. A "feo, agrio, madera, ácido, iaw".



Les enseñaba también a los niños, que siempre que nos ofenden tenemos la opción de aceptar la ofensa o esquivarla, por que el perdón sabe bien, HACE BIEN; perdonar sólo es para los fuertes. Cuando aceptamos la ofensa, no perdonar sabe mal, y HACE MAL, eso es para los débiles.


¿La ofensa es muy grande para ser ignorada? Perdona.
¿La ofensa es tan insignificante, pero aún molesta? Perdona.



En realidad es fácil perdonar cuando ni siquiera tienes algo qué perdonar. Resulta muy útil esquivar el objetivo malévolo de la ofensa.


Pero cuando algo de la ofensa se insertó, el rico sabor del perdón nos hace fuertes.
En extremo FUERTES.